El trompetista

(Foto: Francis Wolf)
Lee Morgan era trompetista. Una noche en que tocaba en el club Slug de Manhatan recibió la visita de su mujer, Helena. Estaban separados. Cuentan que entre pase y pase estuvieron hablando en la barra. Helena quería que el trompetista volviera con ella. Discutieron hasta que Lee tuvo que volver al escenario donde lo esperaba su banda. La mujer abandonó el local muy enfadada. Al cabo de un rato regresó al club. Había tomado una decisión. Helena sacó del bolso un revolver del calibre 32 y disparó un único tiro. Lee Morgan falleció instantáneamente a las 2:45 por impacto de bala en el corazón mientras tocaba el último tema de la noche. Tenía 34 años.
¿De qué te ries?
Hablaba el otro día sobre cómo las personas pertenecientes a diferentes culturas o nacionalidades se rien de diferentes cosas y de qué además el sentido del humor parece cambiar con el tiempo y me acordé de un estudio del psicólogo Richard Wiseman, de la Universidad de Herfordshire, Inglaterra, sobre este tema. Wiseman impulsó un experimento por internet en el que personas de todo el mundo tenían que enviar chistes y elegir, de entre todos ellos, el que más gracia les hacía. Parece que, tras consultar a unos dos millones de personas, el chiste mejor valorado fue éste:
“Dos cazadores se encuentran en el bosque cuando uno de ellos se desploma. Parece que no respira y tiene los ojos vidriosos. El otro coge su teléfono móvil y llama al servicio de emergencia. “¡Mi amigo está muerto! ¿Qué puedo hacer?, pregunta, histérico. La operadora contesta: “Cálmese, yo le ayudo. Lo primero es asegurarse de que su colega está realmente muerto”. Sigue un silencio y después se oye un tiro. De nuevo al teléfono, el cazador dice: “Vale, ¿y ahora qué?“.
Según Wiseman, tres ingredientes hacen que una historia sea divertida: nos hacen sentir superiores a los demás, permiten un descaso tras una situación tensa y sorprenden porque tienen alguna incongruencia. Cree que el éxito del chiste de los cazadores radica en que contiene esos tres elementos. Lo más interesante, para mí, de esta experiencia, son las diferencias entre nacionalidades:
Los alemanes no muestran preferencia por ningún tipo de chiste, o sea, todos les hacen más o menos la misma gracia.
La gente de Irlanda, Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda se decanta por las historias que contienen juegos de palabras o relaciones entre conceptos. Por ejemplo:
Paciente: “Doctor, tengo una fresa atascada en el ano”. Doctor: “No se preocupe, le podemos poner nata”.
Estadounidenses y canadienses prefieren aquellos chistes que los hacen sentir superiores al quedar el protagonista como un tonto. Por ejemplo:
Dos amigos están jugando al golf y ven pasar una procesión fúnebre. Uno de los golfistas interrumpe su “swing”, se descubre la cabeza y se pone a rezar. El otro amigo, sorprendido, le comenta: “vaya, es lo más conmovedor que he visto nunca. De verdad eres un buen tipo”. Y el otro replica: “sí, bueno, es que estuvimos casados 35 años”.
Franceses, daneses y belgas consideran que las historias con algún elemento surrealista son las que más gracia tienen. Un ejemplo:
“Un perro alsaciano va a una oficina de telegramas, coge un papel en blanco y escribe: “Guau, guau, guau, guau, guau, guau, guau, guau, guau”. El empleado examina la nota y, educadamente, le dice al can: “Aquí hay sólo nueve palabras… Por el mismo precio puede enviar otro Guau”. “Pero -replica el perro- ¡eso no tendría ningún sentido!”.

Ignoro si el experimento del doctor Weisman llega a alguna conclusión sobre el sentido del humor de los españoles. Sin embargo, mi experiencia me lleva a pensar que en suelo patrio triunfa la parodia o directamente la burla cruel. Analizando el número de las empanadillas de Martes y 13, con el que generaciones enteras de españoles nos hemos partido la caja (yo incluida), vemos que tiene estos dos elementos: se parodia a un personaje famoso, en este caso Encarna Sánchez, y se hace burla de una persona de, aparentemente por su forma de hablar, poca cultura. Con todo, hay que decir que los juegos de palabras del personaje que hace de oyente de Encarna, que se enreda para terminar no diciendo nada, son bastante graciosos y probablemente sean la clave el éxito del sketch. En cualquier caso, es más inteligente que los (tristemente) famosos números de ‘soy maricón‘ o ‘mi marido me pega‘, también de Martes y 13. En este sentido, hay que reconocer que se ha evolucionado algo como sociedad porque hoy en día, si bien no es impensable seguir riendo con semejantes burradas, al menos sí lo es hacerlo abiertamente y sin vergüenza, lo que ya es un avance. Sea como sea, el estudio del sentido del humor de un pueblo que admira a Chiquito de la Calzada es un asunto complejísimo pero si además se trata del mismo pueblo que idolatra a un imitador de Chiquito de la Calzada la tarea se torna imposible.
Momento Cuarto Milenio: estaba yo en el curro con los cascos puestos viendo este vídeo de los Monty Python, documentándome para el post, cuando oigo risas de mi compañero de despacho. Le pregunto que qué le pasa y me dice que está viendo ¡el sketch de ‘el chiste más gracioso del mundo’ de los Monty Python, o sea, lo mismo que yo! ¡Y ninguno sabía lo que estaba viendo el otro! A mi compañero le mandó el enlace del vídeo un colega del Facebook y yo llegué a él buscando el artículo de Wiseman. Nos surgen dos preguntas que sólo Iker Jiménez puede contestar, a saber: 1) ¿por qué nuestro jefe nos sigue teniendo en alta estima pese a que dedicamos gran parte de muestra jornada laboral a estos menesteres? y 2) ¿existe algún tipo de conexión extrasensorial entre mi compañero de oficina y yo? Recordemos que, si las chorradas colgadas en internet tienden a infinito, la probabilidad de que ambos estuviéramos viendo la misma tontería de los Monty Python es consistente con cero. Si Iker Jiménez descubrió una unión cósmica entre Abraham Lincoln y John Fitzgerald Kennedy porque un mes antes de morir Lincoln estuvo en la ciudad de Monroe, mientras que Kennedy, también un mes antes de morir, estuvo con Marilyn Monroe, ¿qué implicaciones encontrará en nuestra conexión pythoniana? Misterios del cosmos.
Palabras
Como últimamente no estoy inspirada (alguien dijo una vez muy acertadamete que mi blog era como el Guadiana) dejo un vídeo que me ha hecho mucha gracia. Lo mismo en España está más visto que la coca-cola porque es de un anuncio de El País pero yo no lo conocía.
A mí en el colegio me decían que el español era el idioma que tenía el vocabulario más extenso. No sé si lo decían por chauvinismo lingüístico o para animar al chiquillerío a aprender palabras nuevas pero el caso es que no es cierto que así sea. Por ejemplo, en la página del Diccionario de Inglés de Oxford dice que la segunda edición contiene entradas completas para 171476 palabras de uso habitual y 47156 palabras obsoletas. Según esa misma página el inglés es probablemente la lengua con mayor número de palabras aunque reconocen que es dificil de saber.
En cuanto a la palabra más larga, el premio se lo lleva, supongo, el alemán. Aunque es posible que se puedan formar otras igual o más largas (dicho desde la ignorancia porque no tengo ni idea de alemán), en una página he encontrado ésta: Donaudampfschiffahrtsgesellschaftskapitän (qué gran invento el ratón, oye) que por lo visto significa capitán de la compañía de barcos de vapor del Danubio.
En la farmacia
Aquí unas fotillos de unas farmacias del centro. Atención al embellecedor de narices: hay que meterse una especie de palito en la napia para que se estire (qué dolooooooor). Claro, que el aparatillo debe de ser medio mágico porque para mí que la chica de la izquierda no es la misma que la de la derecha. Y pregunto yo, ¿quién puede comprar un champú con un nombre tan así como “Baba de Caracol”? Con esta oferta tan tentadora después pasa lo que pasa, que una va a la farmacia a por una caja de clamoxiles y se vuelve con una de viagra y un arilugio de esos para tener la nariz más respingona que la de Escarlata O´Hara.
δ+10÷∑⇒ dios
Un matemático gana un premio de más de 1 millón de dólares por demostrar la existencia de dios.
(Cachis, si yo me hubiera aplicado con los diagramas de Venn en el colegio…)




