Lugares comunes

Vicky, Cristina, Barcelona

Diciembre 21, 2008 · 5 comentarios

1966: España es un país subdesarrollado. Sin embargo, aires de modernidad empiezan a soplar en las costas patrias: ha llegado el turismo. En aquellos años inocentes, el turismo de sol y playa con paella y sangría era lo más,  y los turistas, aún no llamados guiris, eran seres fascinantes a los que observar cual a fauna del Serengueti. Ir de veraneo a Torrevieja, Alicante, era un sueño para la mayoría. Enseñar el ombligo en la playa era el colmo de la transgresión. Las conversaciones sobre los zumos de naranja de Iberia constituían en si mismas un metalenguaje propio de las élites viajadas que compartían el privilegio de haberse subido a un avión. España era diferente aunque por supuesto mejor, porque  el Extranjero sería muy moderno pero, ¿se come tan bien como aquí? Pues mira, no.

El cine no fue ajeno al fenómeno  y así vimos a Alfredo Landa y a José Luis López Vázquez en Torremolinos tratando de ligarse a cuanta extranjera se les ponía por delante .

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2007: España es un país subdesarr… esteeeee, España es un país moderno. Ya no mola el turismo de masas porque es de catetos. Lo guay son las casas rurales en la Alpujarra o los chiringos en la costa vietnamita. Quien no ha hecho un trio en una cabaña de palmas de alguna exótica playa no tiene mundo. Ya no se come paella sino tortilla desestructurada. Ya no se habla de zumos sino de exprimidores de Philip Stark. Hay que saber de arte, de vino y de setas. España sigue siendo diferente pero por supuesto mejor, porque al Extranjero hay que ir pero, ¿se diseña tan bien como aquí? Pues tampoco.

En este contexto, el cine de promoción turística no podía quedarse estancado en Paco Martínez Soria y el par de suecas estupendosas. Hacía falta algo diferente, con glamour y un toque bohemio, urbano a la vez que delicadamente rústico, internacional pero exquisitamente tradicional.

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Y entonces llegó Woody Allen y “Vicky, Cristina, Barcelona¨, que bien podría haberse llamado “Paco, Helga, Benidorm” de haberse grabado 40 años antes, y reinventó el género. Woody Allen poseído por el espíritu del País Semanal es realmente espeluznante. Porque él snob siempre había sido pero al menos el hombre era ingenioso y sus guiones inteligentes. Sin embargo, en esta última película, y para mayor lucimiento de la ciudad de Barcelona, no deja escapar un sólo tópico.

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Dos guiris muy pijas y muy monas llegan a Barcelona donde son alojadas por una pareja amiga en una casita muy pintoresca en un etorno de ensueño (El País Semanal, casas con encanto, página 23). Son seducidas por Juan Antonio (Javier Bardem): el macho. Pasean por el parque Güell, van a catas de vinos, toman clases de catalanidad (sic), recorren las calles cochambrosas del Raval (supongo) y  donde otros verían miseria ellos, que son espíritus libres, ven arte. Transcribo:

Fueron a ver una escultura nueva de un amigo suyo. Le enseñó alguno de sus lugares favoritos de la ciudad y ella tomó fotografías. Juan Antonio era amigo de todas las putas y pensó que serían unos temas maravillosos.

Van a un concierto de guitarra clásica y ella llora (como Pretty Woman en la ópera, recuerdo) mostrando una elevada sensibilidad. Beben vino en el jardín de la casa de él (Suplemento de muebles de Jardín, página 36) que por lo que se ve no ha sabido nunca lo que es un alquiler abusivo ni una hipoteca. Van de cañas y tapas:

“La llevó a comer con sus amigos que eran poetas, pintores y músicos.” (Por si no ha quedado claro lo repito: tener amigos soldadores, camioneros y reponedores de supermercado no mola nada) .

Por supuesto se relacionan entre ellos de dos en dos y de tres en tres. Ellas se besan porque una relación lésbica ocasional es chic, en contraposición a las relaciones entre hombres que sólo son cool en películas de temática gay. Y como ser feliz es cosa de idiotas y ser desgraciado, de marginales,  ellos están ligeramente torturados  debatiéndose entre la seguridad de la monogamia de larga duración y los placeres de las pasiones atormentadas (Cosmopolitan, página 9).

Ay, si es que no hemos cambiado nada…

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La responsabilidad del escritor

Septiembre 15, 2008 · 9 comentarios

Dijo Unamuno: “El escritor sólo puede interesar a la humanidad cuando en sus obras se interesa por la humanidad”. Y digo yo: “El escritor sólo puede interesar a la humanidad cuando es interesante”. Parece una perogrullada pero no lo es tanto. O sea, de acuerdo con que el escritor debería mostrar interés frente a las cuestiones sociales. Al menos debería conocer la naturaleza humana, saber en que mundo vive y tener un mínimo de contacto con los problemas y preocupaciones de la gente. Eso está bien. Pero antes que nada, y si no todo esfuerzo será inútil, un escritor debería saber escribir. Y, sobre todo, no insultar la inteligencia de sus lectores. No me digan que no jode cuando llevan un único libro para leer en un avión (o en algún lugar remoto como una plataforma petrolífera o una granja en Utah) y resulta ser, no ya un peñazo, que mira,  hay momentos para todo, sino una tontería intragable e infantiloide. Pues eso, que es una irresponsabilidad enorme por parte del escritor. De hecho, es una afrenta equiparable a la del colega que se ofrece a acompañarte al dentista y después te deja allí sola, tirada como agua sucia.

Lo del dentista no me ha pasado nunca pero lo de los libros que te abandonan cual desodorante de mercadillo, infinidad de veces. El último caso ha sido el de “El niño con el pijama de rayas”. Supongo que a estas alturas ya todo el mundo sabe de que trata porque es el típico libro del que se han escrito infinitas críticas, todas buenas, en los más reputados medios de comunicación de medio mundo además de que le han dado ochenta mil premios y lo han traducido a treinta idiomas. Pero por si no lo saben, tata de un niño,  hijo de un oficial nazi, que se traslada con su familia a Auschwitz porque a su padre lo hacen comandante del campo. El angelito, de nueve años, puede ver desde su ventana que hay personas famélicas y tristes (sic.) vestidas con pijamas de rayas viviendo dentro de un recinto alambrado. Pero, oye, no tiene ni idea de quienes son ni qué hacen. Vale que el crío no tenía que saber que eran judíos ni lo que estaba pasando allí exactamente pero tratar que creamos que el niño pensaba que aquello era una colonia de vacaciones o vete tú a saber qué, eso sí que no. Que una cosa es la ingenuidad y otra la estupidez. Y estamos hablando de un churumbel de nueve años, no de cuatro como los que tenía el crío de “La vida es bella” de tema similar. Cualquiera que haya tratado con niños sabe que son seres pensantes, casi podríamos decir que son seres humanos, como dirían los Les Luthiers. Lo sé muy bien que vengo de pasar una semana de vacaciones con una sobrina, de precisamente nueve años, y sabe latín. Y no me vengan con que en aquella época no había televisión ni internet, que orejas y ojos siempre ha habido. En definitiva, que como el tema central de la novela es absurdo, todo hace aguas por todos lados. Y conste que no tengo nada en contra de la ficción ni soy la típica tiquismiquis que se indigna por ver  un reloj casio en el brazo de un legionario figurante en una película de romanos. Es que sencillamente me parece que el autor primero escoge un tema terrible y doloroso pero en cierto sentido fácil (todos sabemos que los nazis eran malos) y después insulta la inteligencia de sus lectores. Y además es que está mal escrito: para explicar que el niño protagonista es bueno se narra un gesto amable con la asistenta; para explicar que su hermana es mala, se describe una actitud despótica de la chica con la misma asistenta. Y así todo.

Me consiguió indignar el libro. No entiendo a qué tanto halago y tanto premio a una novela de la que nadie se acordará dentro de cinco años… aunque Disney va a hacer una película. Qué fuerte, Mari.

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¿Por qué lo llaman noticia…?

Julio 13, 2008 · 7 comentarios

Hasta el moño de tener que tragar anuncios del Ay!-fon en prensa, radio y televisión presentados como si fuesen noticias. Que Fulanito de tal haya pasado la noche sin dormir haciendo cola en la calle para comprar el dichoso aparato no es noticia porque lo que hace Fulanito con su tiempo y con su dinero no interesa a nadie más que a él mismo. Y que Timofónica haya decidido vender el telefonillo en cuestión en tal tienda y que se haya agotado a la media hora, tampoco lo es: es publicidad. Se deberían haber pagado una campaña publicitaria convencional como todo el mundo. Así al menos hubieran dado una oportunidad a algún creativo argentino con talento, hubieran sacado del paro a algún joven actor y hecho feliz a la mamá de algún niño pelirrojo, que mira que mono sale en la tele mi Carlitos. O si no, que se dé el mismo trato a todo el mundo y que a partir de ahora nos informen en el telediario cada vez que llega un pedido de alcayatas a la ferretería Manolo (todo en bricolaje y reparaciones del hogar).

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La mala educación

Junio 26, 2008 · 7 comentarios

Como el Guadiana, mi blog emerge de nuevo tras una larga (y ya habitual) ausencia, esta vez un poco justificada por un nuevo cambio de país y de curro. Ahora que por fin vuelvo a tener internet en casa, puedo decir que estoy definitivamente instalada (en realidad hace más de dos semanas que tengo internet pero una es vaga) y ya puedo re-inaugurar este espacio que tantas alegrías me ha dado.

Llegar de guiri a un sitio que conoces bien tiene su gracia. Una puede tomar distancia y hacer sociología pero, por otro lado, es imposible no sentirse implicada y por tanto dolida por ciertas cosas. Así de entrada, me ha llamado mucho la atención la bordería que anda por doquier. Aquí unos ejemplos ilustrativos:

Escena 1: Voy en bicicleta por el único carril bici de la ciudad (el tema de ‘Bike and the City’ merece un post aparte). Delante, un chico camina haciendo zig-zag entre las líneas discontinúas del susodicho carril mientras habla por el móvil. Para evitar un atropello me paso a la acera (anchísima) y al adelantar al muchacho le recuerdo amablemente que va por el carril bici a lo que él responde con desdén: ‘tranquiiiiila’. ¡¡¿¿Tranquila??!!

Escena 2: Llamo por teléfono a un compañero de trabajo, al que no conozco personalmente, para tratar un tema laboral. La conversación discurre tal que así:
- ‘Buenos días, soy Fulanita de Tal, quería hablar con Menganito de Cual’.
- ¡¿Qué?! (más exigiendo que preguntando)
- ¿Eres Menganito?
- ¡¿Qué?!
Supongo entonces que debe tratarse efectivamente de Menganito y le digo lo que quería.

Escena 3: Voy caminando por la calle y de frente se acerca un chico que pasea un perro. Al llegar a mi altura el perro se cruza, la correa que lleva se enreda entre mis piernas y casi me caigo al suelo. Esta vez, el chico si habla con educación… ¡pero con el perro! Le recrimina cariñosamente al animal el haberse cruzado. A mí ni me mira. En fin.

La gente no se da cuenta de lo importante que son los pequeños gestos cotidianos y como un “buenos días” puede alegrarte el día y su ausencia hundirte en la miseria. No sé si fue Camus el que decía que el hecho de que un conocido no te devuelva un saludo puede ser una buena razón para suicidarse.

Y ahora una canción que no tiene nada que ver con el tema pero es muy animada y me apetecía. Con todos ustedes Caetano Veloso cantando “A luz de Tieta” de la banda sonora de “Tieta de Agreste”, una peli muy chula, basada en un libro de Jorge Amado, donde Sonia Braga está estupendosa.

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Palabras

Abril 22, 2008 · 5 comentarios

Como últimamente no estoy inspirada (alguien dijo una vez muy acertadamete que mi blog era como el Guadiana) dejo un vídeo que me ha hecho mucha gracia. Lo mismo en España está más visto que la coca-cola porque es de un anuncio de El País pero yo no lo conocía.

A mí en el colegio me decían que el español era el idioma que tenía el vocabulario más extenso. No sé si lo decían por chauvinismo lingüístico o para animar al chiquillerío a aprender palabras nuevas pero el caso es que no es cierto que así sea. Por ejemplo, en la página del Diccionario de Inglés de Oxford dice que la segunda edición contiene entradas completas para 171476 palabras de uso habitual y 47156 palabras obsoletas. Según esa misma página el inglés es probablemente la lengua con mayor número de palabras aunque reconocen que es dificil de saber.

En cuanto a la palabra más larga, el premio se lo lleva, supongo, el alemán. Aunque es posible que se puedan formar otras igual o más largas (dicho desde la ignorancia porque no tengo ni idea de alemán), en una página he encontrado ésta: Donaudampfschiffahrtsgesellschaftskapitän (qué gran invento el ratón, oye) que por lo visto significa capitán de la compañía de barcos de vapor del Danubio.

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United Islands of Canary

Abril 9, 2008 · 11 comentarios

Tras varias consultas en empresas de mensajería y mudanzas de ambos lados de la frontera Cal-Mex he descubierto que existe un país independiente llamado Islas Canarias (Canary Islands para los gringos) adonde enviar un paquete cuesta el doble que enviarlo al país llamado España o Spain. Y sin resoluciones de la ONU, ni planes Ibarretxe ni Estatuts.

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Lucha libre

Abril 6, 2008 · 6 comentarios

Recuerdo que cuando llegué a México me llamó muchísimo la atención la afición a la lucha libre: no entendía nada. Han pasado dos años y sigo sin comprender. Concretamente, tal que ahora mismo, estoy bastante alucinada con la expectación que ha creado la próxima pelea entre el Místico y el Hijo del Perro Aguayo, y es que no había visto a la gente tan emocionada por algo desde la inaguración del Wal-Mart. La cosa de la lucha libre mexicana va así: dos tipos en leotardos y con máscaras (aunque descubrí que la máscara no es imprescindible como yo creía) evolucionan sobre un cuadrilátero mientras fingen que se pegan. No es exactamente un deporte porque el resultado del encuentro está (supongo) pactado y se nota a la legua que los golpes no son de verdad (afortunadamente, añado) sino más bien un espectáculo circense. Lo curioso es que en vez de desarrollarse bajo una carpa en un descampado cualquiera, que sería lo suyo, la pelea va a ser en el gimnasio de la Universidad. Confieso que este hecho me tiene un poco descolocada porque, pese a las múltiples evidencias en contra, una sigue ingenuamente pensando que una universidad es una institución seria de modo que se espera que los eventos promovidos (si no patrocinados) por tal instutución lo sean también. Juzguen ustedes mismos con este youtube de un encuentro anterior del Místico y el Hijo del Perro.

Vamos, que si yo me encuentro al Hijo del Perro en un callejón oscuro me da un chungo ahí mismo. Por lo visto hay dos escuelas de luchadores: los técnicos, a la que pertence el Místico que es el luchador de moda según he escuchado, y los rudos, a la que pertence el Hijo del Perro Aguayo. En cualquier caso, sigo sin verle la gracia al asunto. Si esto fuera un reportaje de El País Semanal diría que el éxito del espectáculo está en la fascinación ancestral del hombre por la violencia pero me voy a ahorrar el análisis sociológico. Imagino que el hecho de que a los luchadores los presenten chicas estupendosas en biquini también ayuda.

El aspecto de la lucha que sí me hace gracia es el que ha trascendido los cuadriláteros. En la década de los 50 salió un cómic protagonizado por el luchador más popular de la historia de México: el Santo o Enmascarado de plata. Las historietas fueron un éxito y pronto Santo se convirtió en un personaje fantástico en lucha contra el mal. La leyenda del Santo continuó con una serie de películas con títulos tan sugerentes como: “Santo contra el Cerebro del Mal“, “Santo contra los Hombres Infernales” y “Santo vs las Mujeres Vampiro“. La foto de abajo es de una escena donde sale El Santo con Blue Demon, otro de los clásicos, con máscara azul. Tiene algo de surrealista verlos arregados como pinceles a lo Dennis Quaid y con esas máscaras tapándoles el rostro. Y más les vale, al menos al Santo, porque la leyenda dice que si se quita la máscara muere.

Y en este vídeo algunas escenas de El Santo:

Tanto los hijos del Santo como de Blue Demon son, a día de hoy, luchadores en activo (el Hijo del Santo y Blue Demon Jr. respectivamente) lo que me lleva a pensar que esto de la lucha es un mundo bastante cerrado.

Editado para añadir el cartel de la película “Santo vs Joselito” donde el pequeño ruiseñor se enfrenta al enmascarado de plata con su arma más poderosa: su portentosa voz. Las notas más agudas de “cinco cascabeles tiene mi caballo” son para el Santo como la kriptonita para Supermán: penetran en su enmascarado cráneo y lo hacen vulnerable. (Vale, es broma, pero no me digan que no hubiera sido todo un éxito en Cine de Barrio.)

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Abril 5, 2008 · 4 comentarios

… de donde se deduce que el bautizo no es una ocación especial.

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Círculo vicioso

Abril 4, 2008 · 6 comentarios

Me han cortado el teléfono y para pagarlo necesito la tarjeta. La tarjeta está bloqueada y para que la activen necesito llamar al banco. Para llamar al banco necesito el teléfono. Me han cortado el teléfono y para pagarlo necesito la tarjeta.

Bueno sí, hay cabinas, también es verdad.

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Desayuno en Plutón

Marzo 24, 2008 · 1 comentario

Patrick Braden nace en el lugar equivocado, un pueblito de la católica e hipócrita Irlanda (¿nos suena?), en un cuerpo equivocado. Su madre se ve obligada a abandonarlo al nacer y su madrastra se arrepiente de haberlo recogido desde el día en que lo ve pintándose los labios con el vestido de su hermana. Patrick crece en un ambiente donde los chicos de su edad creen que morir (y matar) por Irlanda es un acto noble -de hecho uno de sus mejores amigos se enrola en el IRA- pero para él no hay más patria que su madre (su patria bien podría ser Uterolandia, como dice Miss Shangay Lily). Kitten Braden, antes conocida por su nombre de esclavo Patrick (vuelvo a copiar a Miss Shangay), viaja a Londres en busca de su verdadera madre. Este es a grandes rasgos el argumento de ‘Desayuno en Plutón‘ una película de Neil Jordan que vi hace poco y que recomiendo.

Es muy interesante la comparación entre los activistas del IRA y la pacífica Kitten. Sin entrar en las motivaciones de los independentistas irlandeses, se me figura la actitud de Kitten mucho más valiente y revolucionaria. Con su sola voluntad de ser ella misma, convierte cada día de su vida en un “atentado” no sólo contra el fundamentalismo católico de su entorno sino contra las bases mismas del heteropatriarcado y, en definitiva, contra la estructura de una sociedad que para perpetuarse alienta el odio al diferente. Y es que los movimientos tradicionalmente autoproclamados revolucionarios proponen cambiar el sistema económico y político, lo que no digo yo que de entrada esté mal, pero no cuestionan la estructura social tradicional. Y lo que es más importante, quien siembra odio recoge miedo (o más odio) pero nunca libertad. Son las personas como Kitten las que partiendo del amor, que empieza en el amor propio, ponen las semillas para una transformación real, y necesaria, de la sociedad (por qué serán los símiles agrícolas tan útiles para estas cosas). O sea, que Kitten Braden es una revolucionaria aunque dificilmente vayamos a ver su foto, con una boina y una estrella, en ningún muro ni en ninguna camiseta. (Y vaya panfleto que me ha salido así a lo tonto, oye)

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